2.1.17
May
31
2009
1

Guerras civiles argentinas

Retirada unitaria

La campaña de Lavalle desde Uruguay hasta su muerte en Jujuy. En verde, las provincias de la Coalición del Norte.

Los restos del ejército de Lavalle se retiraron hacia la ciudad de Córdoba. Después de las recriminaciones que mutuamente se hicieron Lavalle y Lamadrid, se pusieron de acuerdo para retirarse hacia el norte, dividiendo sus tropas en varias columnas que se dirigirían a distintas provincias.

Lamadrid retrocedió a Tucumán, para reorganizar su ejército. Envió a Santiago del Estero al coronel Acha, a intentar nuevamente derrotar a Ibarra, pero fracasó y huyó hacia Catamarca. En Salta, el gobernador Miguel Otero se había pasado a los federales, apoyado por varios caudillos rurales, sobre todo por Manuel Saravia, cuñado de Ibarra. Lamadrid, y poco después Avellaneda, se trasladaron a esa provincia para ayudar a Solá a vencer a Saravia. Pero Salta casi no contribuyó a las siguientes campañas.

Lavalle se dirigió a La Rioja, donde no logró ponerse de acuerdo con Brizuela, y separándose de él se instaló en Famatina. Mientras tanto, envió a las provincias de Cuyo a su mejor división, comandada por el coronel José María Vilela, a apoyar al gobierno revolucionario San Luis y la revolución unitaria de Mendoza, que ya había sido derrotada. Pero Aldao y el coronel Pablo Lucero derrotaron en los primeros días de enero de 1841 a los unitarios en la sierra de las Quijadas, y Vilela fue derrotado completamente por Pacheco en la batalla de San Cala, el 9 de enero de 1841.

Aldao ocupó La Rioja y avanzó hacia el norte — dejando a Lavalle a su costado izquierdo — y el jefe de sus avanzadas, José María Flores derrotó completamente a Acha, obligándolo a refugiarse en Catamarca, hacia donde también Lavalle retrocedió.

Por su parte, Brizuela fue derrotado y muerto por un oficial de sus propias fuerzas en Sañogasta. Y los coroneles Mariano Maza e Hilario Lagos ocuparon Catamarca con fuerzas venidas desde Buenos Aires.

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May
31
2009
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Miguel Otero

Biografía

Estudiante en Chuquisaca, apoyó la Revolución del 25 de mayo de 1809 en esa ciudad. Colaboró con el coronel Arenales en las guerrillas con que éste ayudó a la tercera expedición auxiliadora al Alto Perú.

Radicado en Pasco, en Perú, apoyó al general José de San Martín en su gobierno. Formó parte de la primera convención constituyente del Perú, colaboró con el general Simón Bolívar y se dedicó a la minería.

Regresó a Salta alrededor de 1838, y ejerció como diputado provincial en 1840. Ideológicamente se sentía identificado con el partido unitario, pero no estaba de acuerdo con la alianza de la Coalición del Norte, armada contra al gobernador poreño Juan Manuel de Rosas, con la agresión francesa.

Cuando el gobernador Manuel Solá inició su campaña contra Santiago del Estero, la legislatura lo nombró gobernador provisorio de la provincia y, poco después, titular, en 1841. Se pronunció en contra de la Coalición del Norte y repudió los acuerdos entre las provincias que lo habían firmado.

Tenía apoyo suficiente en su provincia, pero el general Lamadrid invadió la provincia desde Tucumán. La legislatura lo declaró depuesto, y se exilió en Bolivia.

Regresó en septiembre, después de la batalla de Famaillá, y se hizo cargo nuevamente del gobierno. Ordenó la captura y fusilamiento del mayor Sandoval, el traidor que había entregado a Marco Avellaneda para su ejecución.

Evitó una invasión de Lamadrid desde Bolivia, y debió hacer frente a una mandada por el coronel Florentín Santos de León, invasión que fue derrotada en San Carlos.

En abril de 1842 partió con licencia a Buenos Aires. Nunca regresó a Salta, pero siguió titulándose gobernador. Sólo en 1844, la legislatura se decidió a reemplazarlo oficialmente por su sustituto, Manuel Saravia.

El gobernador Rosas lo nombró embajador ante los gobiernos de Bolivia y Perú, pero nunca viajó. Más tarde viajó con permiso de Rosas a Chile. Allí encontró un ambiente contrario al gobierno federal, de modo que se hizo pasar por exiliado.

Regresó a Buenos Aires a mediados de la década de 1850, y se dedicó al comercio. Falleció en esa ciudad en julio de 1874.

Como curiosidad, el suyo es el retrato fotográfico más antiguo que se conoce, que haya sido tomado en la Argentina, del año 1845. Aparece con un descuido en el vestido y en el peinado que sería muy poco usual en los retratos posteriores, posiblemente porque la fotografía era una especie de prueba

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May
31
2009
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Manuel Solá

La Coalición del Norte

En noviembre de 1838, tras la muerte del caudillo tucumano Alejandro Heredia, su hermano Felipe renunció a la gobernación salteña. Los opositores a éste realizaron una elección de apuro, que eligió una legislatura de dudosa legitimidad, que a su vez nombró gobernador a Manuel Solá.

Por un tiempo aceptó la subordinación al gobernador de la provincia de Buenos Aires y encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación, Juan Manuel de Rosas. Pero, disconforme con las violaciones a los derechos de los ciudadanos, la postergación de la organización constitucional del país y la política exterior intransigente que llevaba adelante, se distanció rápidamente de él. Incitado por el ministro de gobierno de la vecina Tucumán, Marco Avellaneda, a principios de 1840 retiró al caudillo porteño la delegación de las relaciones exteriores. Y poco después anunciaba que su gobierno se unía a la Coalición del Norte contra Rosas y sus aliados.

Organizó el ejército provincial con la idea de unirlo a las fuerzas de los generales Lamadrid y Lavalle contra Rosas.

A pesar de que tenía en sus fuerzas algunos jefes militares más o menos capaces, como Manuel Puch y Mariano Acha, se puso al frente del ejército provincial y dirigió una campaña contra el caudillo santiagueño Ibarra, llevando a Acha como su segundo jefe. Ibarra aplicó en su contra su táctica favorita: le dejó recorrer el territorio provincial a su antojo, pero retiró todo lo que pudiera utilizar como recurso o alimento. Solá venció en una escaramuza sobre el río Salado a algunas fuerzas secundarias y, convencido de haber vencido a Ibarra, ocupó la capital y nombró un gobernador. Pero a los tres días, falto de todo, abandonó la ciudad y se dirigió a Córdoba; el efímero gobernador juzgó prudente seguirlo.

Llegó a Córdoba algunos días después de la terrible derrota de Lavalle en la batalla de Quebracho Herrado. Cuando Lavalle y Lamadrid decidieron retirarse hacia La Rioja y Tucumán respectivamente, Acha y Solá decidieron volver a Santiago del Estero. Esta vez, el jefe era Acha.

Apenas entrados en la provincia, fueron vencidos por la táctica de “tierra arrasada”, de modo que ni siquiera lograron entrar en la capital como la vez anterior. Acha se retiró a Catamarca, donde sería destrozado por el general José Félix Aldao, y Solá volvió con los restos de sus fuerzas a Salta.

La derrota provocó su renuncia, en diciembre de 1840, y en su lugar fue elegido Miguel Otero. Éste se pasó al bando de Rosas y organizó una limitada fuerza militar para los federales, que puso al mando del comandante Aniceto Latorre. Pero Lamadrid avanzó rápidamente sobre Salta y Latorre se vio obligado a refugiarse en Santiago del Estero, llevando a su lado a Otero.

Sus sucesores fueron Gaspar López y, brevemente, Dionisio Puch. Solá dirigió la política y el ejército locales, y envió fuerzas militares a incorporarse al ejército de Lavalle, que no llegaron a tiempo de participar en la derrota unitaria de la batalla de Famaillá.

Cuando el general porteño se retiró a Salta, lo convenció de que podría resistir en esa provincia por medio de una guerra de recursos. Pero su partido no era popular, y parte de los hombres de Lavalle lo abandonaron para regresar a Corrientes. De modo que debieron huir a Jujuy — donde Lavalle sería muerto en una confusa refriega — y de allí a Bolivia.

Otero regresó al gobierno y poco después el gobierno provincial pasaba a las manos de los Saravia, que gobernaron durante una década la provincia.

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May
31
2009
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José Félix Aldao

Últimos años

El resto de su gobierno fue particularmente despótico: declaró “dementes” a todos los unitarios, nombrándoles tutores para que los “cuidasen” y apoderándose de todas sus pertenencias.

Su acción política en el sur de la provincia, donde favoreció obras de riego y el establecimiento de poblaciones en el desierto, fue positiva.

Su último año y medio de vida fue de una atroz agonía: en la frente sobre uno de sus ojos le apareció un bultillo punzante al cual inicialmente se le aplicaron remedios caseros que fueron ineficaces. Cuando el tumor tenía ya casi una pulgada de diámetro su mejor médico personal, creyendo que se trataba de un quiste, le practicó una punción, pero en lugar de surgir humor acuoso surgió sangre, lo que convenció al médico de la malignidad del tumor.

Por ello mandó llamar a la ciudad de Buenos Aires a quien era considerado el mejor médico de la Confederación Argentina en esos días: Miguel Rivera (hijo del orfebre llamado “inca” Rivera). Este médico tenía las mejores intenciones, tal cual se puede leer en la historia clínica del caso. Pero carecía de la capacidad necesaria para tratar enfermedades graves (no administró ningún atenuante del dolor y además de extirpaciones del tejido tumoral visible y cauterizaciones químicas sólo prescribía dietas mínimas que debilitaban aún más a Aldao). Más aún, sólo cuando Aldao estaba in extremis, a pocas semanas de la muerte, reconoció que se trataba de un cáncer (no obstante, aún si Rivera hubiera tratado la afección desde el principio como un cáncer, en esa época la ciencia era totalmente ineficaz).

Así, el 19 de enero de 1845, Aldao delegó el mando en su ministro, el Dr. Celedonio de la Cuesta. A los pocos días falleció. Fue enterrado — por expreso pedido testamentario — con su hábito completo de fraile dominico y también el uniforme de general, uno sobre otro.

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May
31
2009
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Juan de Dios Rivera

Juan de Dios Rivera Túpac Amaru

RIVERA TÚPAC AMARU, Juan de Dios 1760-1843 Grabador cusqueño. Figura en el Almanaque Mundial entre los artistas peruanos. Nació en Cusco, hijo de Alonso de Rivera y de la ñusta Juana de la Concha Túpac Amaru. Juan de Dios, se radicó en la ciudad de Potosí del Alto Perú, (actual Altiplano boliviano), después del levantamiento del Cusco de 1780 y tras ser apresado y ejecutado el corregidor Antonio Arriaga por las fuerzas de Túpac Amaru II. Al ser derrotado Tupac Amaru II en Tinta en 1781, ese mismo año, Rivera y su familia llegaron a la ciudad argentina de ésta ciudad pasó a Luján, ambas poblaciones en el Virreinato del Río de la Plata. Ejerció el oficio de grabador y platero en Buenos Aires y casó con Mercedes Rondeau. Algunos de los grabados que ilustran los impresos salidos de la imprenta de los Niños Expósitos, de Buenos Aires, fueron obra suya. De Rivera es también la plancha de cobre realizada en 1808, que reproduce la famosa lámina del Ayuntamiento de la Villa de Oruro, presidido por su Alcalde Ordinario, que resolvió obsequiar al Cabildo de Buenos Aires con motivo del triunfo sobre el ejército inglés. Rivera fue el primero en diseñar y grabar el escudo nacional argentino donde colocó el Sol de los Incas; así figura en el Archivo General de la Nación Argentina el decreto del 12 de marzo de 1813, por el cual la Asamblea General Constituyente, con las firmas de su presidente, Tomás Valle, y el secretario Hipólito Vieytes, ordena que el Supremo Poder Ejecutivo use el mismo sello de este Cuerpo Soberano, con la sola diferencia de que la inscripción del Círculo sea la de Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El diputado por San Luis, don Agustín Donado, comisionado por La Asamblea, es el encargado de la confección de un sello para autenticar los escritos del gobierno en reemplazo del utilizado hasta entonces con las armas reales de España, y que además serviría para acuñar la primera moneda nacional argentina. Según contrato está probado que A. Donado confió esa tarea al grabador cusqueño radicado en Buenos Aires Juan de Dios Rivera Tupac Amaru y que con el cuño por él tallado, fueron sellados algunos documentos emanados de dicha Asamblea. Más tarde, habiéndose de colocar en el Cabildo de Buenos Aires la tarja (escudo grande) de plata y oro que las damas de Potosí obsequiaron al General Manuel Belgrano González, le encomendó a Rivera la tarea de armarla, dándosele por ello dos onzas de oro, según concierto del 14 de diciembre de 1813. Apodado “El Inca” ya que era descendiente de una ñusta, también diseñó el primer sello y la primera moneda argentina acuñada en Potosí, adoptando el símbolo del Inti o Sol Inca como emblema de la Nación Argentina. Este texto es que figura en el diccionario de Artistas Plásticos Peruanos, la persona que lo “corrigió” dice que Rivera es ciudadano Argentino, lástima que no conozca la historia del Imperio Incaico el cual abarcaba desde la actual Colombia hasta la Patagonia, por tanto, ustedes los editores deberían de tener cuidado para no cambiar el texto colocado, el sol naciente ya figura con ese diseño desde Guaman Poma de Ayala en el siglo XVI. Igualmente en los dibujos de Juan de Santa Cruz PACHACUTI YAMQUI SALCAMAYGUA, Dibujante y cronista indígena, nacido en el siglo XVI. Natural de Santiago del Anan Guaigua y Hurin Guaigua Canchi de Orcusuyu, entre Canas y Canchis de Collasuyo, hijo, nieto y bisnieto de Ingas, Apus y Curacas principales. Autor del libro Relación de Antigüedades deste Reyno del Piru, texto escrito en el siglo XVII, en el que inserta dibujos destacando el del interior del templo del Korikancha. Dicho dibujo es uno de los más estudiados por investigadores peruanistas y americanistas. (Baltazar Cacya Quiui, y Francisco Yamqui Guanacu, ambos, abuelos de Juan de Santa Cruz; posiblemente uno de ellos hizo la plancha de oro que representaba al Sol y la Luna, en el templo de Korikancha del Cusco). Según textos del diario de Doña Inés Muñoz, en 1533 el Inca era reconocido como el HIJO DEL SOL. Es así como se deforma la historia, el sol del emblema de los jacobinos es de tan solo 7 rayos y el de los argentinos de 32.

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May
31
2009
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Escudo de la Argentina

El escudo de la republica Argentina fue aceptado oficialmente el 12 de marzo de 1813 por la Asamblea General Constituyente de ese año. Aun así, se conservan documentos emitidos por la Asamblea que testimonian que antes de conocerse el decreto que aprobara su diseño ya se empleaba el actual escudo, habiéndose utilizado con anterioridad a este el escudo de armas del Virreinato del Río de la Plata.

A pesar de la ausencia de sanción legislativa, el hecho de que Manuel Belgrano lo usara como símbolo central del gallardete de las tropas emancipadoras consagró el emblema, siendo adoptado por pueblos y gobiernos como símbolo de la nacionalidad argentina.
La historiografía oficial considera que la Asamblea del Año XIII comisionó al diputado por San Luis, Agustín Donado para que se encargara de la confección del sello con el cual se autenticaría la documentación del Gobierno, el grabado definitivo de tal sello fue realizado por el orfebre Juan de Dios Rivera quien parece haberse inspirado en un escudo usado por los jacobinos durante la Revolución Francesa [1].
En el AGN se halla el decreto del 12 de marzo de 1813 firmado por Hipólito Vieytes y Tomás Valle, secretario y presidente respectivamente de la Asamblea por el cual se ordena:

Que el Supremo Poder Ejecutivo use el mismo sello de este Cuerpo Soberano con la sola diferencia de que la inscripición del círculo sea la de Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata

Tras algunas modificaciones un tanto caprichosas en el diseño del escudo, finalmente fue sancionado el diseño actual el 24 de abril de 1944 mediante decreto ley Nº 10.302 del Poder Ejecutivo Nacional, estableciéndose que se use exclusivamente el diseño original.

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May
31
2009
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Agustín José Donado

Mayo

Invitación al Cabildo abierto del 22 de mayo.

Hacia principios de 1810, entre los vecinos de Buenos Aires que se habían sumado al grupo de Agustín Donado y hablaban de independencia de manera más o menos abierta ya se contaban a Nicolás Rodríguez Peña, Manuel Belgrano, Juan José Paso, Francisco Paso, Hipólito Vieytes, Miguel Irigoyen, Domingo French, Alberti, Juan Florencio Terrada, José Darragueira, Feliciano Chiclana, Castelli, Antonio Luis Beruti, Juan José Viamonte, Tomás Guido, Buenaventura de Arzac, Francisco Planes, Felipe Cardoso, Vicente Dupuy, Francisco Mariano de Orma, Fray José Ignacio Grela, Fray Juan Manuel Aparicio, entre otros. Las reuniones se realizaban en la casa de Vieytes en la calle Venezuela, en la de Nicolás Rodríguez Peña, en la calle Piedad tras de la iglesia de San Miguel, o en la quinta de Francisco Mariano de Orma.[9]

El 14 de marzo de 1810 la fragata inglesa HMS Mistletoe al mando de Roberto Ramsay arribó a Buenos Aires llevando noticias originadas en Cádiz y fechadas el 4 de febrero de que los franceses ocupaban ya Andalucía y se había disuelto la Junta de Sevilla, el cuerpo de gobierno que había nombrado al virrey y último bastión de la resistencia española contra Francia.[10] Cisneros intentó frenar la difusión de las malas nuevas, pero Agustín Donado obtuvo una copia que tradujo rápidamente y comunicó a Vieytes, Rodríguez Peña y Francisco Paso, tras lo cual fueron a verlo a Martín Rodríguez, segundo jefe del regimiento de húsares, comandado por Juan Martín de Pueyrredón.[11] Finalmente la noticia fue comunicada a Belgrano, Saavedra y Castelli que se encontraban en las afueras y la revolución se puso en marcha.

Cabildo abierto del 22 de mayo.

La convocatoria fue controlada por los revolucionarios: en efecto, las tarjetas invitando a los vecinos fueron encomendadas a la única imprenta disponible en el territorio, la de Agustín Donado, lo que permitió a este bloquear desde la impresión la entrega a vecinos considerados notorios realistas y por contra contar con las esquelas necesarias para distribuirlas entre los partidarios que no habían sido previstos entre los vecinos de consideración.[12]

En el cabildo del 22 de mayo, Donado votó por la moción presentada por Manuel Belgrano, quien secundaba a su vez a Cornelio Saavedra. Votaron de similar manera Ambrosio Pinedo, Manuel Pinto y Antonio Luis Beruti. Ya se habían presentado las votaciones de Juan José Castelli, Martín Rodriguez (acompañado por Mariano Moreno entre otros), Domingo French, Juan Florencio Terrada y Vicente López y Planes, todas secundando también a Saavedra, pero fue la de Belgrano la elegida por Donado.

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May
31
2009
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Antonio Luis Beruti

La Revolución

Tras concluir sus estudios en España, regresó a su país e intervino en la organización del movimiento emancipador. Fue un miembro activo del grupo carlotista, que pretendía conseguir la independencia a través de la coronación de la hermana del rey cautivo, Fernando VII.

Junto a Domingo French lideró el grupo revolucionario conocido como los “chisperos”, que tuvieron una destacada participación en la Semana de Mayo. Durante esos días repartieron las famosas cintillas (de color incierto), para diferenciar a los patriotas de los realistas. En el Cabildo Abierto del 22 de mayo votó por la destitución del virrey Cisneros y la presión provocada por los chisperos resultó fundamental. Cuando se formó una junta integrada por algunos criollos pero presidida por Cisneros, Beruti se opuso terminantemente y, ante el rechazo generalizado, la junta se disolvió. Beruti añadió: “una Junta presidida por Cisneros es lo mismo que Cisneros virrey”.

El día 25, los chisperos y grupos de vecinos se congregaron en la Plaza frente al Cabildo para exigir el derrocamiento definitivo del virrey y la formación de una nueva Junta. Como las sesiones demoraban demasiado, Beruti irrumpió en la sala y dijo:

“Señores del Cabildo: esto ya pasa de juguete; no estamos en circunstancias de que ustedes se burlen de nosotros con sandeces. Si hasta ahora hemos procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran parte del vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren ustedes verlo? Toque la campana y si no nosotros tocaremos generala y verán ustedes la cara de ese pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores, decirlo ahora mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si volvemos con las armas en la mano, no responderemos de nada.”

Tras manipular la lista de invitados al Cabildo y de expulsar a aquellos con posturas realistas, las ideas patriotas triunfaron, y el 25 de mayo de 1810 se constituyó la Primera Junta. Un mes después fue nombrado teniente coronel del Regimiento América. Posteriormente, Beruti se unió a los partidarios de Mariano Moreno, quienes tenían una postura más radicalizada, opuesta a las ideas moderadas de Cornelio Saavedra, presidente de la Junta. Junto a otros morenistas, ingresó a las reuniones del Café de Marcos, donde se hacía cada vez más fuerte la oposición al núcleo saavedrista del gobierno. Después de la pueblada del 5 y 6 de abril, el morenismo fue desplazado. Junto a otros morenistas (Azcuénaga, Vieytes, Rodríguez Peña, entre otros) fue expulsado de Buenos Aires y exiliado.

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May
31
2009
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Café de Marcos

Historia

En 1801, en Buenos Aires, en la esquina de las calles Alsina y Bolívar, don Pedro José Marco, inauguró su café. El establecimiento contaba con servicio de confitería y botillería y, según rezaba un cartel ubicado en su entrada, también contaba con villares, con v, según se escribía en la época para referirse al billar. Gracias a su sótano, que hacía las veces de depósito y bodega, los parroquianos disfrutaban, en verano, de tomar bebidas “frescas”.

Las bebidas no alcohólicas habituales eran el café, la leche, el chocolate, el candial o candeal, una bebida en base al trigo, y los refrescos de horchata y naranjada. Curiosamente, el té, generalmente no se bebía en los cafés, fondas o pulperías de principio de siglo XIX, sino que se adquiría en farmacias como hierba de uso medicinal.

El “café y leche”, hoy conocido como café con leche, era servido en inmensas tazas que desbordaban hasta llenar el platillo y jamás se veía azúcar en azucarera. Se servía una pequeña medida de lata llena de azúcar, generalmente no refinada, colocada en el centro del platillo y cubierta por la taza; el parroquiano daba vuelta la taza, volcaba en ella el azúcar, y el mozo le echaba café y leche hasta llenar la taza y el plato.

Durante los días de lluvia, las calles porteñas, en su mayoría de tierra, se anegaban y hacían muy difícil el trasladarse. Para facilitar el desplazamiento de los clientes en la vuelta a casa después de las tertulias, el café contaba con un servicio único en los establecimientos comerciales de la época: un coche de alquiler, de cuatro asientos esperando a la puerta del café para quienes lo pudieran costear.

En una ubicación de privilegio, a un paso del Cabildo, el Fuerte, la actual Plaza de Mayo y justo a comienzos del siglo XIX, en el que se forjaron las independencias americanas, el café de Marco fue lugar obligado de cita para varias generaciones de políticos. Por sus mesas pasaron variadísimos personajes de nuestra historia como Martín de Álzaga, Juan José Castelli, Bernardo Monteagudo, Manuel José de Lavardén, todos los integrantes de la Sociedad Patriótica y los de la Sociedad del Buen Gusto, Agustín Donado, French, Beruti, como así también casi todos los hombres de la burguesía porteña.

Según el deán Gregorio Funes, parece que existía una enemistad bastante virulenta entre los parroquianos del café de Los Catalanes, que ocupaba la esquina nordeste de las calles San Martín y Cangallo y los del café de Marco. Dice Funes, que era partidario de Saavedra, que el café de los Catalanes servía como tribuna política y competía con el de Marco, donde concurrían los partidarios de Moreno, “muchachones perdidos y sin obligaciones” tales como Francisco Seguí, Lucio Norberto Mansilla o Julián Álvarez.

Como consecuencia de la asonada de Álzaga de 1809, que se había gestado en el café, el virrey Liniers mandó clausurar el local y dio tres días a Marco para salir de la ciudad. José Antonio Gordon, socio en otros negocios de Marco, presentó dos rogatorias a Liniers para reabrir el local y ambas fueron denegadas. A partir del mes de agosto, ya en su cargo el virrey Cisneros, Marco retornó a Buenos Aires y, junto con una nueva rogatoria, presentó a las autoridades una memoria de las pérdidas sufridas producto de la clausura que, entre productos y utensilios sumaba 30.000 pesos. El 21 de agosto de 1809, finalmente, el local volvió a las actividades comerciales.

A partir de mediados de siglo XIX, con las sucesivas epidemias de fiebre amarilla en Buenos Aires, el público del café, perteneciente a la alta burguesía que había emigrado hacia los nuevos palacios edificados en el barrio norte, dejó de frecuentar el lugar y el local entró en decadencia hasta su cierre, en el año 1871.

Sobre el nombre que recibió el café, a lo largo de la historia, ha habido diferentes versiones. En algunos libros de memorias de la época, se lo nombra como Café de Marcos, otros lo recuerdan como Café de Marcó y Miguel Cané lo evoca como Café de Mallcos. Un ejemplar del Telégrafo Mercantil en el que se hace referencia a la inauguración del café, nos informa acerca del apellido de su dueño, Marco, sin tilde en la o. Y el mismo propietario, en la rogatoria que enviara a Cisneros en 1809, no le adjudica nombre; se refiere al local como la “casa de café en la calle que va del colegio a la Plaza Mayor” (actual calle Bolívar); por lo cual, resulta muy probable que el local nunca haya tenido nombre alguno.

Don Pedro José Marco, también era socio de Antonio F. Gómez, quien atendía otro café que ambos tenían en sociedad por la misma época. Se trataba del establecimiento ubicado a escasos cien metros del anterior, en la esquina de las actuales calles Perú y Alsina. Este café, del que tampoco se conoce nombre cierto, era más modesto que el que atendía Marco y lo frecuentaba una clientela más bohemia; cantantes, músicos y actores que se presentaban en el Teatro de la Ranchería y comerciantes, changadores y carreteros que trabajaban en el Mercado Viejo, también llamado Mercado del Centro.

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May
31
2009
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Sociedad Patriótica (Argentina)

La Sociedad Patriótica fue conformada en marzo de 1811 por los seguidores de Mariano Moreno, en Buenos Aires. Esta sociedad, que se reunía habitualmente en el Café de Marco, nucleó a los partidarios de sus ideas políticas cuando en enero de 1811, Mariano Moreno, ya separado de su cargo en la Primera Junta, convertida entonces en la llamada Junta Grande por la incorporación de los diputados de las ciudades del interior, fue enviado a Londres en misión diplomática muriendo en alta mar.

Se constituyó como un espacio en donde debatían temas políticos y filosóficos, aunque contó con el apoyo de cuerpos militares. Fundamentalmente las ideas de Moreno estaban influidas por el concepto de “soberanía popular” difundido por la independencia de Estados Unidos y de la Revolución Francesa, y por la versión del Contrato Social de Rousseau, que concebía a la sociedad como fruto de un pacto acordado libremente por todos sus integrantes.

En abril de 1811, anticipando un movimiento de los morenistas, el grupo de Cornelio Saavedra apoyado por buena parte de la población de los suburbios forzó la separación y detención de los miembros remanentes del partido de Mariano Moreno (como Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Juan Larrea, Agustín José Donado), tras lo que la Sociedad fue disuelta.

En enero de 1812, Bernardo de Monteagudo intenta reflotar la Sociedad, aunque ya había perdido gran parte de su influencia y fue finalmente absorbida por la Logia Lautaro. Entre ambas lograron destituir a los miembros del Primer Triunvirato, que fuera reemplazado el 8 de octubre de 1812, por el Segundo Triunvirato.

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